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No sin mi hijo.

17 febrero 2010 - Author: Lorena Gil

Hace una semana decidí hacer una escapada de domingo para visitar el mercadillo medieval de una cercana localidad a Alicante. Primero decirte que me encantan los mercadillos medievales, más que ningún otro mercadillo que puedan celebrar. Con la certeza además de que era el más grande que iba a visitar, me sentí emocionada porque me van estas historias, no lo puedo evitar.

De hecho, esos días salgo desjoyada y con dinero en metálico porque es lo que toca, sin embargo, toda la emoción se empezó a disipar en la carretera por la mala organización en la entrada al pueblo, la aglomeración de coches y la consecuente falta de aparcamiento. En ésto último tuve suerte pero, lo que no sabía, es que a partir de ahí comenzaba una odisea.

Es justo decir que era una preciosidad la entrada al mercadillo. Justas entre caballeros, arcos monumentales, palcos y vítores hacían que entraras en situación con una gran rapidez.

La decoración del pueblo y las vestimentas de los comerciantes estaban muy cuidadas pero en ese momento comencé a notar el exceso de gente y la farsa que vivimos a diario, cuando nos dicen que nos estamos quedando sin niños. El que vuelva a decir esa afirmación lo mejor es que se de un paseito un domingo en un mercadillo.

La frase: dime con quien andas y te diré quien eres, yo la derivo también a dime quien es tu padre y te digo cual es su hijo y debo aclarar antes de blasfemar, que a mí me encantan los niños pero los padres cada vez menos.

Ahora, blasfemo: ¿Quién es el descerebrado que saca en un mercadillo abarrotado un cochecito de bebé llevando al niño en brazos con la típica mochila que te pones delante? ¿qué pretendes decirme? ¿que el cochecito te ha costado una pasta y que es de firma? porque para llevar el bolso encima yo no saco un coche con el cual piso a diestro y siniestro sin decir ni mu. Y con mu implica un simple perdón, no mirar al frente haciéndote el loco cuando tú te has quedado coja de por vida y sin uña del meñique que es la más sensible en estos casos.

Me abstengo de generalizar porque entiendo que no todos los padres son igual de maleducados o desconsiderados pero la culpa el niño no la tiene. Los gritos de las madres al son de : ¿quieres estarte aquí quieto? hombre ya el niño de los piiiiiiiiii. ¿dónde está tu padre? si es que… ve pallá y llámalo. Pero ¿quieres hacer el favor de mirar por dónde vas? pues como te pierdas no te voy a buscar.

Vamos a ver señora. El niño tiene cinco o seis años: aclárate. O se queda contigo y no lo pierdes de vista o va a buscar al padre. No le chilles porque tú hace diez minutos que no tenías ni idea de dónde estaba porque estabas probándote pulseras. Es un niño, cógele la mano ponlo delante de ti y los cabreos con tu pareja déjalos en tu casa y no los airees que queda feo. Si además le amenazas con no ir a buscarlo se puede o traumar o fugarse porque su madre es una histérica y prefiere que no le griten más.

Ante estas situaciones, en las que el espacio personal es insultado y atacado por doquier, yo me agobio mucho y nunca me había sentido con tan poco aire en ningún mercadillo y mira que me desplazo a verlos. Sólo vi la mitad y salí de allí como alma que lleva el diablo.

Mis acompañantes también regresaron incendiados por el agravio y han prometido que volverán uno en bicicleta y otro en triciclo. Pero si mis amigos me preguntan: ¿te vienes al mercadillo? muy a mi pesar tendré que contestar como Sally Field: no sin mi hijo, el cual llevará un cochecito última generación con cuatro ruedas asesinas.

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Mi mamá me mima

3 mayo 2009 - Author: Lorena Gil

Mi mamá me mima como me mima mi mamá.  El Sr. Rubio con sus cuadernillos nos lo hacía escribir una y otra vez por algo.

El cariño de una madre hacia un hijo no tiene medida. La madre naturaleza que es sabia, nos muestra a diario como una madre protege a su cachorro ante cualquier amenaza y, sino me crees, te animo a que veas cualquier documental de la 2 que son muy educativos.

Hace años una profesora de sociología que tuve en la carrera quedó embarazada y antes de dar a luz hablaba del instinto maternal que ya sentía al notar a su hijo en su vientre. Pasaron los meses y dio a luz. Cuando regresó del permiso de maternidad, en la primera clase, mandó a freír espárragos el instinto maternal. Literalmente, no sabía qué hacer con su hijo cuando lloraba y cada día se desesperaba más.

Una buena amiga mía tiene un precioso hijo que este año ha empezado el colegio, no conozco a nadie que quiera más a un niño pese a que la desquicia constantemente.

Ese maravilloso instinto del que todo el mundo habla ¿nace o se hace?

Yo no puedo hablar con conocimiento de causa porque sólo tengo a mi gato Benito pero considero que nace cuando aún no eres madre y se hace cuando ya lo eres, y creo que es ahí donde radica la verdadera valía de ese sentimiento.

Cuando una mujer decide ser madre lo es para siempre y lo es desde el principio. Cuando tu hijo llora, tiene hambre, está enfermo, siempre. No significa que por ser madre tus hijos no te desquicien o te decepcionen, simplemente son tus hijos.

La palabra mamá engloba muchos calificativos y son a cada cual más bello. Si pienso en mi madre, me viene a la mente la generosidad en estado puro, la abnegación, amor cariño, ternura, dulzura, amabilidad, belleza, risa, juegos, entrega, permanencia, atención, paciencia, devoción,… Todo esto, lo ves con los años. En la adolescencia, una de las etapas más duras para una madre y más fea, todo hay que decirlo, el hijo se transforma en el desagradecido más grande de la tierra. En primer lugar, te crees con la razón sobre todas las cosas del universo y sientas cátedra por donde quiera que vas. Tu cuerpo cambia y no estás a gusto con él, nadie te entiende y menos tu madre, que sin venir a cuento, se convierte en un latazo y en tu pesadilla, lo que no nos damos cuenta es que la pesadilla real somos nosotras mismas. Yo aún le pido perdón a la mía por la adolescencia tan cruel que le di. Mi madre no se separó de mí ni un momento y seguro que no fui su ídolo aquella época.

Otra de mis grandes amigas, cuando llega su cumpleaños, le hace a su madre un regalo dándole las gracias por traerla a este mundo y creo que es uno de los gestos más bellos que he visto hacer de una hija hacia su madre porque con suerte, cuando alcanzas una edad, tu madre se convierte en tu mejor amiga.

Yo me considero una de esas afortunadas y, lo que más me gusta, es que ella no olvida que no sólo es mi amiga sino que es mi mamá. Esa persona que cocina la mejor tortilla del mundo porque a ti siempre te sabe mejor cuando la hace ella, ese olor a protección que la acompaña siempre con un beso o un abrazo, la que no olvida como mimarte o como tocarte para ver si tienes fiebre.

El primer domingo de Mayo, celebramos el día de la madre. Este año esmérate y regálale algo que nazca del corazón porque tal y como decía al principio, el Sr Rubio con sus cuadernos escribió una frase que nos acompaña con el tiempo: mi mamá me mima, como me mima mi mamá. La continuación es sencilla: como nadie podrá hacerlo nunca. Por eso, he decidido que mi mamá debería ser inmortal.

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Para papá

19 marzo 2009 - Author: Lorena Gil

Te habrás dado cuenta que frases para ensalzar a la madre hay muchas y muy conocidas pero para recordar al padre, amén de las consabidas “Cuando seas padre comerás huevos” y “Nunca digas de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre”, pocas se nos ocurren ¿verdad?

En urbanwoman, hemos escogido dos que intentan reflejar la importancia que un buen padre tiene en la vida de un hijo.

No me cabe concebir ninguna necesidad tan importante durante la infancia de una persona que la necesidad de sentirse protegido por un padre”. Sigmund Freud.

Cuando tenía 14 años mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Cuando cumplí los 21, me pareció increíble lo mucho que mi padre había aprendido en 7 años” Mark Twain.

En casa nos enseñan desde pequeñas que el padre es la figura autoritaria por excelencia y siempre recordamos a nuestra madre diciéndonos: “¿quieres que se lo cuente a tu padre?”, esto más que una pregunta era una amenaza. A día de hoy, echando la vista atrás, podemos decir sin temor a equivocarnos que nuestro padre no hubiera dicho más que lo justo y lo propio, y que ese temor era consecuencia lógica de nunca haber cumplido esa amenaza y de la poderosa imaginación de la infancia que supera con creces la cruda realidad.

Papá. Qué palabra tan tierna repleta de cariño y admiración. Qué palabra tan poderosa. Si retrocedemos una vez mas en el tiempo y nos situamos en el patio del colegio, aún resuena la frase “pues mi papá le puede al tuyo”. La figura paterna es grande y protectora. Cuando crecemos abre aún más sus brazos hasta que nos deja volar, aunque sigamos siendo su pequeña a la que no quiere que nada malo le pase.

El instinto de protección del padre nace cuando ve a su hijo por primera vez ya que, los primeros nueve meses, cuidarlo ha sido la misión de la madre. Desde ese instante y por muchos años que pasen, tu padre será ese colchón, la red invisible que existe pero que apenas te das cuenta hasta el día que lo necesitas y sabes que, por mucho que creas haberle defraudado, papá no va a fallarte.

El eterno segundón a la sombra de ese “madre no hay más que una”, el que no te da la vida, pero al que hoy le damos el papel protagonista y las gracias por enseñarnos a caminar por ella.

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¿Sonajero o cascabel?

21 febrero 2009 - Author: Lorena Gil

Llega un momento en la vida de toda mujer que antes de preguntarte qué tal tu vida laboral, las personas que se encuentran en tu camino comienzan a hacerte la siguiente cuestión:  ¿y tú para cuando te animas?

Lo primero que debo decir es que yo soy muy animada por naturaleza así que, aunque sabes perfectamente a qué se refieren, prefieres salir de la situación con frases del tipo:

- uhhh ni idea. Estoy muy bien como estoy.

- La verdad es que ya va siendo hora. jeje (léase el jeje con risa por lo bajo, rubor en las mejillas, mirada desviada, sonrisa falsa e incomodidad patente).

Y por último la que más empleo y me sirve para toda ocasión:

- No gracias, ya tengo gato.

Y es que hay que entender que aunque se haya alcanzado lo que muchos denominan el status de “se te va a pasar el arroz” (frase atroz donde las haya), a mi el complejo de paellera de segunda mano me importa un pimiento de los que decoran la susodicha comida.

Considero que cada cual tiene un momento en la vida para decidir cuando el arroz esta pasado o en su punto, porque para gustos los sabores en este caso, y hay unos a los que les gusta caldoso, otros más bien duro y a otros quemadito por debajo.

Hace unos años que ya ha cambiado la edad para tener prole. Antes a los 25 eras una edad perfecta para empezar a plantearte ser mamá y ahora a partir de los 30 te lo cuestionas y para cuando te decides ya has llegado a los 35 y sigues siendo mamá y joven.

Del mismo modo, los hábitos de vida familiar han variado en exceso en las últimas décadas. La mujer ya no se queda en casa para cuidar de sus vástagos, sino que deben trabajar porque no están los tiempos como para tener un sueldo menos y bocas que alimentar con la Playstation, la Wii y diez mil juegos más que cuestan más que unos Jimmy Choo, los cuales ni se me ocurre comprarme si tengo hijos y sino los tengo probablemente tampoco.

Los niños de ahora requieren más dinero en actividades extraescolares, juegos, clases particulares, colegios, guarderías que cuestan más que un spa e incluso psicólogos. Sí, los niños de ahora van al psicólogo, los de antes se lo contaban a sus padres, a sus amigos o seguían con su vida sin preguntarse nada más.

Pero claro, si la madre trabaja y el padre también ¿quién se queda con el niño, la niña o ambos al son? Opciones no quedan muchas pero la más actual es que se lo queden los abuelos y así ahorramos.

Aquí se presenta una lucha sin cuartel en mi alma. Por una parte, ¿con quién va a estar mejor que con sus abuelos? pero por otra ¿por qué tiene que pasar ellos por lo que ya hicieron una vez con esfuerzo? ¿no es el momento de dejarles descansar?.

Muchos me dicen que están encantados pero yo no lo veo justo y la injusticia me supera.

Lo cierto es que compaginar la vida laboral y la personal es muy complicado, máxime con hijos y si trabajas y el peque se pone enfermo acuden a la madre, el médico a la madre, actividades, deberes, arropar, dar de comer, jugar,… a la madre. Pero como madre no hay más que una y clonar sólo a las ovejas, no nos podemos dividir y, en ocasiones, es cuestión de decidir.

Compañeras de trabajo que hace dos días te contaban sus expectativas laborales, sus problemas con su marido o la última película que había ido a ver, ahora las ves entrando a huratdillas en el baño con un sacaleches para luego tener biberones a tiempo que le dejará a su madre o a su suegra ante de ir al trabajo al día siguiente.

Por esto y miles de cosas más que prefiero ni mencionar, cuando alguien me hace la preguntita de marras: – ¿y tú para cuando? – creo que mi mejor opción sigue siendo, al menos durante un poquito más: – no gracias, tengo gato – ya que primero tengo que hacerme una pregunta a mí misma y saber la respuesta: ¿sonajero o cascabel?

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Patucos talla 40

7 diciembre 2008 - Author: Lorena Gil

Julia Roberts, Nicole Kidman, Sharon Stone, Susan Sarandon, Salma Hayek, Rosario Flores, Madonna o Halle Berry, son sólo algunas de las famosas que han decidido ser mamás después de los 40. La cifra ha aumentado a un 10% anual.

La competitividad en el terreno laboral y la ambición por subir en el organigrama empresarial ha conseguido que las mujeres decidamos tener nuestro primer hijo a una edad muy superior a la de hace unas décadas.

Familias monoparentales o reconstituidas sumados a los avances en el campo de la medicina, permiten ampliar nuestra edad límite del reloj biológico que antes sonaba a los 25 y ahora como mucho lo escuchamos a los 35.

Es a partir de los 30 cuando nuestra fertilidad comienza a decaer y con 35 sólo nos queda un 15% de oportunidades de ser madre y tenemos mayores problemas para llegar a alcanzar este deseo.

Se  incrementan eso sí, el número de mujeres con diabetes, hipertensión gestacional, desplazamientos de placenta o abortos por lo que el control del embarazo a todas las mamás de cuarenta es muy exhaustivo.

Los partos por cesárea alcanzan el 50% una vez llegadas a esta eda,d mientras que a los 30 años sólo es de un 15%. La media de tiempo para quedarse en estado es de un año entre mujeres de 35 años ,ya que su fertilidad comienza a decaer, y hay un riesgo de aborto del 30%.

A los 40 y si somos primerizas, el porcentaje de quedarnos embarazadas de manera natural, es el mismo número que el de nuestra edad.  El resto será a través de algún procedimiento artificial.

Pero no vayamos a pensar que no tiene sus ventajas. Rejuvenecemos y alcanzamos una mayor estabilidad emocional una noticia que nos alegra sino fuera porque también corremos más riesgos de una depresión posparto.

Pese a ello, desde el punto de vista médico, no hay mucho de lo que preocuparse. Sólo tienes que cuidarte, tomar tus vitaminas y seguir los consejos de tu especialista

Ser mamá a los 40 está de moda. La vida nos los ha marcado así y ahora, es el momento para dar un paso adelante y afrontar la maternidad disfrutando de cada instante. La recompensa está clara y psicológicamente estás muchos más preparada.

Como es tu momento disfrútalo y desoye las críticas malintencionadas que hay muchas y suelen ser símbolo de envidia. Cabeza y bombo alto porque ahora los bebés calzarán, acorde con su mamá, un patuco talla 40.

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