La niña del abrigo rojo
3 febrero 2009 - Author: Lorena Gil
Nunca me ha gustado especialmente el cuento de Caperucita Roja, sin embargo, una persona a la que admiro y quiero me ha hecho entender que ese cuento lo viven miles de personas diariamente y luego tienen la santa paciencia de contárselo a su prole sin ver la analogía. Digo personas porque esto le pasa tanto al hombre como a la mujer pero como es Caperucita y esto Urban Woman, lo pondré en voz femenina para contarte esta versión del cuento.
Erase una vez una joven muy bonita que iba a visitar a sus suegros, a la abuelita y al abuelito de su novio todos los fines de semana durante una larga década. Ella lo quería tanto y él a ella que decidieron vivir felices y comer perdices toda su vida.
Durante tres meses después de una preciosa boda Cristel, que así se llamaba la preciosa muchacha, vivió el más amargo de sus días. Su príncipe azul, se había convertido en el lobo feroz y como depredador que era, decidió irse a cazar al gimnasio más cercano y encontró otra joven que le acompañara a casa de la abuelita.
Cristel lloraba y lloraba en su palacio de 90m2 esperando que el príncipe reaccionara y volviera con ella.
Mientras tanto, sus amigas las princesas de los condados vecinos, iban a visitarla para darle consuelo entre copas, películas y nuevos amores, pero ella no quería despertar de su sueño. De hecho, pensaba que no le estaba pasando a ella sino que era producto de su imaginación y que él volvería en cualquier momento. Pasaron los días y él no llegaba porque no hay más realidad que la que existe y aunque Cristel lo sabía, prefería seguir en su burbuja.
Muchos fueron los que le intentaron abrir los ojos pero ella creía que si deseas algo con todas tus fuerzas ocurre, tanto es así, que noche tras noche soñaba que él volvía para ver si su sueño se hacía realidad, y en uno de sus sueños se coló una niña con un abrigo rojo que le cantaba “pero volverá, pero volverá”.
Ansiosa por ese sueño que más parecía una llamada del destino, decidió que nadie se lo arrebatase y así vivió durante muchos meses hasta que por fin un precioso día de Abril, en la boda de una de sus amigas princesas vio de nuevo al lobo feroz. Ya no era su príncipe, ya no la miraba igual pero, lo mejor de todo, es que Cristel se dio cuenta que ella tampoco. Había vivido tanto tiempo alargando su deseo que no se había dado cuenta que ya no era eso lo que quería. Ese mismo día conoció a otro cordero que aún no sabemos si es sólo piel y en el fondo hay lobo o es sólo cordero pero que, por el momento, le ha hecho recuperar la sonrisa.
Sobra decir que el lobo de la vida de nuestra protagonista, nunca volvió a ser feliz, ni con la presa del gimnasio, a la que apenas llegó a conocer, ni con ninguna otra porque no eran como la princesa que lo quería y amaba como lobo que era desde el primer día durante toda una década, sino que nunca le llegaron a conocer y a querer de verdad.
Cristel ya no sueña con volver, pero sí soñó con la niña del abrigo rojo que le cantaba con voz de Rosana “Yo pa ti no estoy”.
Y Colorín Colorado este cuento sólo ha empezado.
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