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I love me

20 septiembre 2009 - Author: Lorena Gil

La suerte de la fea, la guapa la desea. Está claro que el refranero español está cargado de sabiduría, pero cuando te queda más patente es cuando oyes a maravillosas mujeres bellas cual modelo de pasarela, quejarse sobre si mismas como si estuvieran cargadas de toda la fealdad del universo.

Mi madre, que es la mujer más sabia que conozco, siempre me dice: “Hija, no hay nada como tener el coco sano”, y a medida que pasan los años me doy cuenta de cuanta razón lleva encerrada una frase tan simple.

De las pocas cosas geniales que te otorga la edad es el conocimiento y dejar atrás la estupidez de la adolescencia. Lo malo es cuando ves mujeres hechas y derechas que aún llevan a sus espaldas ese bagaje de la edad del pavo y que no lo dejan atrás cuando el acné desaparece.

Dicen que hay que quererse a uno mismo para que te quieran los demás y yo añado que hay que gustarse también.

Yo, al igual que el 99% de la raza humana, arrastro las taras genéticas que me dejaron mis antepasados. Ya sea cadera ancha, poco pelo, manos pequeñas o la altura de David el Gnomo, son algunas de las quejas más frecuentes y no lo podemos cambiar. Le sacamos partido a la virtudes e intentamos minimizar los defectos pero no podemos dejar que nos coman la vida.

Lo que me quema es, que mujeres sacadas sin apenas tara alguna, decidan obsesionarse por cualquier estupidez como un gramo más cuando pesan 50 kilos y miden 1,70 o que cambiarse el color del maquillaje va a ser la solución definitiva a sus problemas de belleza, cuando son mujeres de pasarela.¿Qué les pasa? que no se gustan.

Yo lo digo alto y claro: no soy alta, no soy guapa, ni tengo el peso o cuerpo ideal pero me gusto a rabiar. Ahí radica el éxito o fracaso de muchas personas y no pienso caer en un fracaso absurdo porque mi genética me dejó en el 1,63 según mi médico 1,65 según mi memoria. ¿He menguado? pues menos problemas si me quedo encerrada en una cueva.

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Expediente X

18 mayo 2009 - Author: Lorena Gil


Entiendo que Einstein si levantara la cabeza, me llevaría de nuevo al colegio para que entendiera que hay casos en los que x=y pero yo tengo una teoría propia que necesito aclarar, máxime en esta época del año.

Si todos somos iguales, hombres y mujeres, macho y hembra, y además peleamos por conseguir esa igualdad ¿por qué cuando llega el calor el cromosoma “y” se lo pasa de miedo y el cromosoma “x” tiene ganas de alcanzar el siguiente puesto en el abecedario? Yo creo que es la única época del año en la que me gustaría ser hombre.

Exceptuando un escaso 10 ó 15% de la población masculina el resto apenas hace nada por cuidar su cuerpo sin embargo la mujer cuando empiezan a asomar los primeros rayos de sol necesita inmediatamente una visita a la perfumería más cercana para comenzar a comprar todos los tratamientos de belleza que reduzcan abdomen, quiten estrías, eviten la aparición de manchas, devoren celulitis, retarden la aparición del vello, reafirmen. tonifiquen, hidraten, protejan el cabello, mejoren, alisen, reduzcan,… es decir, que x termine siendo menor que y.

Sin embargo, quitando algunas excepciones, la especie dotada del bendito cromosoma “y”, llega a la playa se quita la camiseta alegremente y se tumba al sol como sino existiera nadie más en el mundo ni ojos que le vieran, las arrugas, el vello o el michelín.

Cuando comienza esta época los gimnasios se abarrotan en su mayoría de mujeres que saben que no es sólo operación bikini sino operación minifalda y camiseta de tirantes o faldas tubo y palabra de honor por los miles de observadores en las consabidas BBCs (bodas, bautizos y comuniones).

Por lo tanto, no es sólo el tratamiento sino los colores de temporada para ojos, labios y pómulos, no olvidemos los polvos que dan color al escote por si no nos ha dado el suficiente sol, cremas perfumadas porque los perfumes fuertes en verano no son adecuados. Las cremas autobronceadoras o las toallitas también tienen cabida en esta cesta de la compra primaveral y así un sinfín de productos más.

Como hay que estar guapa de cabeza a los pies estos últimos cuando empieza el calor salen alegremente del enclaustramiento de zapatos y botas al que les teníamos sometidos y se envuelven en dos tiras de sandalias dejando al aire talones agrietados y pies resentidos por un invierno en en el que no les hemos hecho caso, por lo tanto, hay que comprar mousse para hidratarlos, cremas para protegerlos y cuidado perfecto de las uñas y su pedicura correspondiente. No te olvides debe hacer juego con tus ahora perfectas manos sin guantes.

Y si fuera sólo eso… Hay que entender que el hombre cuando se arregla lo hace para ti que eres su pareja o para él pero jamás para el ojo ajeno. Tu te vistes para ti, para él y para quien tenga ojos con pestañas. El ejemplo os lo acerco de hace unas semanas cuando estuve en una preciosa ceremonia. Para ese día y por el tiempo que ya comienza a ser cálido, elegí un vestido palabra de honor y para arreglarme tarde más que para mi primera comunión (qué tiempo aquellos). No son horas, son días de preparación para algo que va a durar un rato y aún así yo creo que me habría visto mejor en vaqueros y camiseta porque creo que tanto esfuerzo me nubló hasta la vista. Flash de belleza, hidratante, mascarilla, cubreporos, antiojeras, matizador de brillos, iluminador,… y ya en un momento de lucidez me pregunté a mi misma: ¿para que matizo los brillos si tengo que iluminarme? Y lo que es peor: ¿por qué ese día termina tu pelo, tu sombra y tus labios peor que un día que te vas a hacer la compra al supermercado de enfrente?

Por eso y mucho más entiendo que, en esta época, x no puede ser igual a y porque es un misterio aparte que ni Scully ni Mudler podrían resolver ya que siempre será, un Expediente X.

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