Lo que ha hecho Miso por el mundo twittero es que, a menos que sólo quieras poner cual es el capítulo que estás viendo, añades comentarios y conoces el porqué del insomnio o el fanatismo de los demás como follower que eres. En mi timeline sólo leía:
- S01E10 Cómo estoy disfrutando pena que se acabe (watching The Big C vía @gomiso)
- S01E08 A veces río y lloro en el mismo capítulo (watching The Big C vía @gomiso)
- S01E13 Qué final de temporada!! (watching The Big C vía @gomiso)
Debido a que vi el primero y supe que iba a hacer maratón, decidí dejar a un lado mis medallas, por el bien de no spamear a todos los followers como una loca que no paraba de ver The Big C.
En el final de temporada, yo sólo habría podido escribir: S01E13 Buaaaaaaaaaaaaaaaaa Snif Snif buaaaaaaaaaaaaa (watching The Big C vía @gomiso)
Una vez pasado el sofocón, debo confesar que en un principio renegué de esta serie por la temática que aborda. Cuando te pilla o ha pillado cercana, siempre intentas huir lo más lejos que puedas y no ver nada que te lo recuerde. Sin embargo, el insomnio y la cantidad de comentarios que estuve leyendo hicieron que no pudiera resistirme. Sólo tardé dos días en verla, y eso porque la comencé una madrugada en la que al día siguiente debía levantarme temprano. Si no hubiera sido así, yo creo que la habría finiquitado la misma noche.
The Big C es una comedia amarga o un drama irónico duro durísimo, tanto que noté como, en ocasiones, me sabía mal reír a carcajadas y me obligaba a quedarme con una media sonrisa.
OJO SPOILERS
A estas alturas del partido, es extraño que alguien no sepa de qué va esta serie pero es muy fácil de resumir sin entrar en detalles. The Big C, cuenta la historia de Cathy Jamison, madre y esposa abnegada que descubre que tiene un melanoma muy avanzado y decide vivir lo que no ha podido vivir antes. Al menos en esta primera temporada, Cathy, interpretada magistralmente por Laura Linney, muestra la rebeldía que llevaba oculta muchos años y, cuando descubre que no tiene nada que perder, decide que es el momento de afrontar su enfermedad haciendo todo lo que siempre quiso sin dar explicaciones.
Cathy y Paul

Dulce, fuerte y extremadamente ingeniosa e irónica, oculta su enfermedad todo el tiempo que puede. Su marido Paul, interpretado por Oliver Platt, pasa más de la mitad de la temporada entre malentendidos y sinsabores viviendo en casa de su hermana mientras intenta, a su modo infantil y divertido, que Cathy vuelva a su lado. Ella ha pasado 20 años cuidando de él y está francamente cansada.
Él siempre ha sido el padre divertido y ella la responsable y estirada. Ahora ella intenta captar parte de esa diversión que él le ha enseñado y ponerla en práctica. Cuando llevas un tiempo observándolo, te das cuenta que no la conoce en absoluto pero es complicado que la pueda querer más. Una vez sabe que tiene cancer, consigue llegar a pasar todo por alto con tal de estar a su lado, incluso su infidelidad. Paul la quiere con locura y es evidente sólo por cómo la mira. Yo soy un 4 y ella al menos es un 8. Nadie creía que se casaría conmigo. ¿Sérá suficiente ser un 4? Lo veremos en la segunda temporada.
Cathy y Adam

La persona en las que más se centra Cathy cuando descubre su enfermedad, aparte de en sí misma, es en su hijo Adam. Como todo adolescente de 14 años, el chaval está idiotizado centrándose en videojuegos y en descubrir el apasionante cuerpo femenino. Por lo demás, adora a su padre porque mentalmente tienen casi la misma edad y odia a su madre porque le fastidia todo lo que empieza. El deseo de Cathy de pasar más tiempo con su hijo antes de morir ocasiona que Adam se cierre en banda y decida ignorarla. La escena en la que lo persigue para bajarle del autobús con una pistola de paint ball es de lo más divertido que he visto en mucho tiempo. La necesidad de explicarle todo lo que no podrá, repetir momentos felices o contagiarle el deseo de pasar tiempo juntos, es la tarea más complicada que tiene por delante y lo sabe.
En ciertos capítulos, Adam se muestra como el chico agradable que es y no como el tonto adolescente que pretender ser y es cuando más apetece verle.
Cathy y Sean

Su hermano Sean es el vagabundo de la familia, literalmente. Empieza de cero, en la calle y se tropieza con un hijo y una casa, temas que hace muchos años que no quiere ni rozar. Su compañera en el proceso de reconstrucción será la conocida Cynthia Nixon de Sexo en Nueva York. Cathy intenta ayudarlo constantemente hasta que se da cuenta que no quiere ser ayudado, sólo quiere que sea su hermana y respete sus ideas (aunque él no respeta las de ella). Lo mantiene en la ignorancia de su enfermedad por puro amor y no tener las fuerzas necesarias para verlo sufrir. Y aunque no lo soporto, creo que será uno de los personajes que más juego den en esta serie.
Cathy y Marlene

En el proceso de montar en su casa una piscina, uno de los sueños que siempre ha tenido para enseñarle a su hijo juegos que ella disfrutó de pequeña con su hermano, se tropieza en su camino su vecina Marlene. En un principio poco más que la típica viuda amargada y solitaria, con el tiempo se convierte en su mejor amiga, aunque en la mitad de las ocasiones Cathy ni lo sepa.
Con hijas que la ignoran y con su estupendo perro, Marlene ayuda a Cathy en el momento que más la necesita cuando los grupos de terapia no son para ella y nadie más lo sabe excepto su médico. Su vecina pasa a ser una más de la familia, más que amiga, le enseña un lado maternal añorado aunque no tierno. El desenlace de Marlene era esperado pero cruzabas los dedos para que no sucediera. Un personaje que me ha gustado especialmente y me da pena que lo hayan agotado.
Cathy y Andrea

Aún no sé muy bien la relación de Cathy con su alumna Andrea, una joven con sobrepeso e ironía a la que intenta encarrilar antes de morir. Bajo la frase “me gustas”, se crea una relación de respeto y verdades a la cara que dista mucho de algo natural pero que, efectivamente, te gusta y no sabes por qué.
Cathy y los hombres

Aunque a Laura Linney nunca la he visto una mujer a destacar físicamente, y no es de los momentos en los que más atractiva puede estar, debo decir que me alegra ver como los hombres caen rendidos a sus pies tras hablar con ella un instante. La sonrisa de Cathy, su ironía y el que ni siquiera ella espere atracción por parte del que tiene delante, es lo que la hace tan adorable al mundo e irresistible a los hombres que se cruzan en su camino.

Para su médico es su primera paciente pero termina viéndola como algo más y para su amante es preciosa y si ella cambia de opinión la esperará. Al oncólogo supongo que lo veré de nuevo pero, a Idris Elba, temo que sea la última vez que le vemos por aquí y sólo me consuela que haya durado más que la aparición estelar del sanador de medio pelo, Liam Neeson, que también se prendó de Cathy.
Cathy

Las interpretaciones dramáticas consiguen destacar en el panorama seréfilo, pero aún así la de Laura Linney es de las mejores que yo he visto en tiempo. Intentando no crear un círculo de muerte y pesimismo a su alrededor, te da bofetadas de sabiduría simple y consigue que te des cuenta de lo tremendamente afortunado que eres por estar sano y tener una vida por delante sin los días contados. Además, lo consigue sin caer en el victimismo, cosa que personalmente considero de agradecer.
Fresca y tremendamente femenina, Cathy es la nueva reina de Showtime, máxime, con el desenlace que ha tenido la temporada en el que, en una escena colosal, te enseña lo que ha estado haciendo mientras tú no mirabas. Previsora y supermadre como siempre, el hijo descubre el almacén de los años futuros en los que ella no estará a su lado consiguiendo que, por primera vez, Adam muestre emoción ante el hecho de que su madre está enferma y sienta el miedo de no poder tenerla a su lado si las cosas no salen bien. Acompañada de una música que parece que baile al son de las emociones, durante esa escena no puedes evitar que se te caiga una lágrima o llorar a moco tendido como fue mi caso.
Cathy quiere luchar por su vida, quiere sanar. Y yo me alegro porque, aunque dudo que esta serie tenga un final feliz, implica que al menos a su regreso, podré reir disimuladamente y llorar como si no hubiera un mañana al ver en pantalla The Big L (Laura), M (Mother), S (Serie), en definitiva, The Big C: CATHY. No estarías pensando en otra palabra ¿verdad?
3 Comments
Al principio estuve por no ver la serie por los mismos motivos que describes, cuando es algo que has vivido de cerca pues la verdad es que cuanto menos escuches o veas del tema mejor; pero tenía que darle una oportunidad a la serie por la gran Laura Linney y eso hice.
La serie sabe dar una de cal y otra de arena, por no decir una dosis de risas y otra de lágrimas, claro que éstas últimas son muy amargas, el tema es lo que tiene, pero han sabido manejarlo de una manera soberbia.
Un placer leerte,no seas tan cara
A mí también me ha tocado cercana la temática, y tenía miedo viendo la temática y la cadena que se pasaran cuatro pueblos, e hicieran daño a todos los que sufren la enfermedad, pero todo lo contrario ha sido un canto agridulce a la libertad y a las nuevas oportunidades, que gran serie.
Pues yo empecé a verla en plena quimioterapia, con dos cojones. Me encantó la manera de desmitificar el cáncer que tiene la serie, yo estoy por lo mismo, aunque en mi caso se lo dije a todo el que quiso escucharme; soy de la opinión contraria a todos vosotros: cuanto más se hable y se opine del tema, cuanto más se desdramatice y más se conozca, mejor para todo el mundo.
El final, una gozada, ojalá hubiera terminado ahí la serie.