(Spoilers)
Una década acaba de cumplir la TV movie de la BBC, Madame Bovary, que protagoniza la impecable Frances O’Connor.
Basada en la novela de Gustave Flaubert, Madame Bovary narra la vida de una mujer caprichosa y obsesionada con las novelas románticas, la vida lujosa y el destino al que la llevaría si alcanzara sus sueños.
Recién sacada de un convento, donde estudiaba y entregaría su vida a Dios, encuentra todo un mundo donde poder vivir intensamente. Por un accidente que tiene su padre, conoce al que será su futuro marido, Charles Bovary, interpretado por Huge Bonneville de manera espectacular también, en cierto modo, porque el rostro le acompaña.
Charles se enamora de Emma en cuanto la ve y decide saltarse a la torera las indicaciones de su posesiva madre y casarse con ella.
En los primeros momentos de su matrimonio, podemos ver a una sexual Emma que intenta darlo todo por una vida que tenga más erotismo, sensualidad y sexualidad ya que, para ella, éso es el romance. No disfruta de su nueva vida y la oímos blasfemar una y otra vez: yo no firmé esto.
La vida que ella esperaba como mujer casada, era lo que previamente había imaginado al leer novelas románticas y se da de bruces con una realidad tranquila llevada a su máximo potencial con un médico rural.
Invitados a una cena de gala, Emma conoce a otro hombre y baila con él. Desde entonces no vuelve a ser la misma, ya que sabe que existe otra vida de pasión y lujo de la que ella no es la protagonista.
Más adelante, un joven estudiante de leyes se cruza en su camino cuando se mudan a otro pueblo buscando más pacientes y un cambio de aires para Emma. Con el traslado comienzan dos obsesiones: el joven al que no puede tener y ocultar su avanzado estado de gestación para que la siga viendo deseable. Una vez más: yo no firmé esto.
El joven Leon se marcha a París y ella queda desolada ante un amor que ni siquiera ha tocado pero que ha vivido hasta el extremo en su mente. Su marido intenta lo indecible pero ella sigue deprimida.
Tras éste, aparece el que realmente pondrá su vida patas arriba: Rodolphe. Emma decide que es el momento de dejarse llevar por la pasión y, este timador de alta alcurnia pero sin un centavo, la incita a olvidar su fidelidad hacia Charles y, es justo decir, que tampoco le supone un gran esfuerzo. Tras consumarse la traición, su primera frase con sonrisa de plena felicidad fue: Tengo un amante. Y para ésto sí que había firmado.
Con su hija y marido en casa, Madame Bovary se escapa a los lugares más recónditos a disfrutar de su pasión y, cuando se vuelve cercana y pausada, se lo echa en cara a su amante para que vuelva a sorprenderla una y otra vez, porque ella no ha firmado para el aburrimiento, lo tiene en casa.
Sus idas y venidas y su necesidad de aparentar, hace que se endeude con telas y encajes que nunca puede pagar pero con la promesa por parte del comerciante de que no trasferirá su deuda a otros y que nunca se enterará su marido.
Rodolphe desaparece y vuelve Leon, al que se entrega por fin, pero las deudas la siguen acechando y su marido va a enterarse de lo ocurrido ya que el comerciante incumple su parte del acuerdo. Pide dinero a sus amantes pero no se lo dan y, ante su desgracia, decide que no soporta más esta vida.
Emma se va como llegó, llena de drama y con ganas de ser la protagonista. Se suicida envenenándose, lo que la lleva a una muerte lenta en la que su doctor, y también marido, no podrá hacer nada para ayudarla.
Al fin y al cabo, se fue porque ella no había firmado esta vida mediocre y tranquila, que llevaba implícita el nombre de Madame Bovary.