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Porque no sólo de series vive una slayer

Que tiemble Lost

Publicado por Lorena Gil en abr 7, 2011 en Recomendaciones seriéfilas | 5 comentarios

Que tiemble Lost

Son raros los pilotos médicos a los que no les doy una oportunidad aunque después blasfeme porque no se parecen ni por casualidad a Urgencias. Mi último experimento: Off The map.

Es difícil comenzar a describirla pero la voy a simplificar como un chiste malo: son 3 médicos recién salidos del cascarón que se juntan con otros 3 médicos veteranos en una isla de Sudamérica, donde hay un bar y, desde el principio, sabes cómo acabará la historia.

Podrías pensar que soy una exagerada y que debe tener más argumento pero, en esa ocasión, te equivocarías. Off the map es así de simple y no tiene vuelta de hoja, excepto el lado culebronesco que le dará todos los giros del mundo para acabar donde empezó.

Yo no sé hasta qué punto habrán estudiado los casos médicos y si una hormiga te puede servir de grapa o si la leche de coco es plasma en estado puro pero, cada vez que veo esto, mi boca se abre como la del cangrejo de La Sirenita y, tras ese momento de estupefacción, se oye una carcajada seguida de un: ¡¡¡vamoshombreya!!!

Sin embargo, el añadido que me tiene a mí rota, es no saber qué selva tiene el bar más civilizado de toda Sudamérica. La pobreza y la corrupción se mezclan con la salsa, el merengue y una Coronita bien fresquita, así como el correspondiente ligue que se queda extasiado al verte. Del mismo modo, sigo sin dar crédito a esas frases en spanglish: ¡¡¡Arrieritos we are!!!

Cascadas de agua escondidas, que todo el mundo sabe dónde están, se entremezclan con personajes torturados por un pasado que les persigue y que intentan purificar en esas aguas donde puedes perder una pierna en un pis pas.

Todos huyen y se refugian en esta isla perdida, absurdamente superpoblada, donde lo más cercano queda a 4 ó 5 horas de distancia pero nunca tienen problema en recorrer. Pues me vais a perdonar,  pero si tengo que ir a Barcelona para recoger el correo, a mí me tocaría las narices por muy guaperas que fuera mi acompañante.

La expiación de los pecados no debería ser tan cara, máxime cuando el pecado cometido lo puedes arreglar más cerca y sin un 99% de humedad.

Supongo que puedes interpretar que odio la nueva aventura de Shonda Rhymes, pero lo cierto es que me encanta.

Off the map, como Anatomía de Grey, me entretiene aunque no la considere una gran serie y es porque el elemento culebrón es muy grande y me proporciona unos cliffhangers que riéte tú de cualquier serie de culto.

No sé cuántas temporadas tendrá,  si habrá muchos como yo que la sigan, ni si alguna vez aparecerá en el mapa, pero que tiemble Lost (no sólo por el parecido del protagonista con Sawyer) porque islas con bares y hormigas grapa no hay ninguna.

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The Big L, M, S, C.

Publicado por Lorena Gil en ene 1, 2011 en Recomendaciones seriéfilas | 3 comentarios

 

Lo que ha hecho Miso por el mundo twittero es que, a menos que sólo quieras poner cual es el capítulo que estás viendo, añades comentarios y conoces el porqué del insomnio o el fanatismo de los demás como follower que eres. En mi timeline sólo leía:

- S01E10 Cómo estoy disfrutando pena que se acabe (watching The Big C vía @gomiso)

- S01E08 A veces río y lloro en el mismo capítulo  (watching The Big C vía @gomiso)

- S01E13 Qué final de temporada!!  (watching The Big C vía @gomiso)

Debido a que vi el primero y supe que iba a hacer maratón, decidí dejar a un lado mis medallas, por el bien de no spamear a todos los followers como una loca que no paraba de ver The Big C.

En el final de temporada, yo sólo habría podido escribir: S01E13 Buaaaaaaaaaaaaaaaaa Snif Snif buaaaaaaaaaaaaa  (watching  The Big C vía @gomiso)

Una vez pasado el sofocón, debo confesar que en un principio renegué de esta serie por la temática que aborda. Cuando te pilla o ha pillado cercana, siempre intentas huir lo más lejos que puedas y no ver nada que te lo recuerde. Sin embargo, el insomnio y la cantidad de comentarios que estuve leyendo hicieron que no pudiera resistirme. Sólo tardé dos días en verla, y eso porque  la comencé una madrugada en la que al día siguiente debía levantarme temprano. Si no hubiera sido así, yo creo que la habría finiquitado la misma noche.

The Big C es una comedia amarga o un drama irónico duro durísimo, tanto que noté como, en ocasiones, me sabía mal reír a carcajadas y me obligaba a quedarme con una media sonrisa.

OJO SPOILERS

A estas alturas del partido, es extraño que alguien no sepa de qué va esta serie pero es muy fácil de resumir sin entrar en detalles. The Big C, cuenta la historia de Cathy Jamison, madre y esposa abnegada que descubre que tiene un melanoma muy avanzado y decide vivir lo que no ha podido vivir antes.  Al menos en esta primera temporada, Cathy, interpretada magistralmente por Laura Linney, muestra la rebeldía que llevaba oculta muchos años y, cuando descubre que no tiene nada que perder, decide que es el momento de afrontar su enfermedad haciendo todo lo que siempre quiso sin dar explicaciones.

Cathy y Paul

Dulce, fuerte y extremadamente ingeniosa e irónica, oculta su enfermedad todo el tiempo que puede. Su marido Paul, interpretado por Oliver Platt, pasa más de la mitad de la temporada entre malentendidos y sinsabores viviendo en casa de su hermana mientras intenta, a su modo infantil y divertido, que Cathy vuelva a su lado. Ella ha pasado 20 años cuidando de él y está francamente cansada.

Él siempre ha sido el padre divertido y ella la responsable y estirada. Ahora ella intenta captar parte de esa diversión que él le ha enseñado y ponerla en práctica. Cuando llevas un tiempo observándolo, te das cuenta que no la conoce en absoluto pero es complicado que la pueda querer más. Una vez sabe que tiene cancer, consigue llegar a pasar todo por alto con tal de estar a su lado, incluso su infidelidad. Paul la quiere con locura y es evidente sólo por cómo la mira. Yo soy un 4 y ella al menos es un 8. Nadie creía que se casaría conmigo. ¿Sérá suficiente ser un 4? Lo veremos en la segunda temporada.

Cathy y Adam

La persona en las que más se centra Cathy cuando descubre su enfermedad, aparte de en sí misma, es en su hijo Adam. Como todo adolescente de 14 años, el chaval está idiotizado centrándose en videojuegos y en descubrir el apasionante cuerpo femenino. Por lo demás, adora a su padre porque mentalmente tienen casi la misma edad y odia a su madre porque le fastidia todo lo que empieza. El deseo de Cathy de pasar más tiempo con su hijo antes de morir ocasiona que Adam se cierre en banda y decida ignorarla. La escena en la que lo persigue para bajarle del autobús con una pistola de paint ball es de lo más divertido que he visto en mucho tiempo. La necesidad de explicarle todo lo que no podrá, repetir momentos felices o contagiarle el deseo de pasar tiempo juntos, es la tarea más complicada que tiene por delante y lo sabe.

En ciertos capítulos, Adam se muestra como el chico agradable que es y no como el tonto adolescente que pretender ser y es cuando más apetece verle.

Cathy y Sean

Su hermano Sean es el vagabundo de la familia, literalmente. Empieza de cero, en la calle y se tropieza con un hijo y una casa, temas que hace muchos años que no quiere ni rozar. Su compañera en el proceso de reconstrucción será la conocida Cynthia Nixon de Sexo en Nueva York. Cathy intenta ayudarlo constantemente hasta que se da cuenta que no quiere ser ayudado, sólo quiere que sea su hermana y respete sus ideas (aunque él no respeta las de ella). Lo mantiene en la ignorancia de su enfermedad por puro amor y no tener las fuerzas necesarias para verlo sufrir. Y aunque no lo soporto, creo que será uno de los personajes que más juego den en esta serie.

Cathy y Marlene

En el proceso de montar en su casa una piscina, uno de los sueños que siempre ha tenido para enseñarle a su hijo juegos que ella disfrutó de pequeña con su hermano, se tropieza en su camino su vecina Marlene. En un principio poco más que la típica viuda amargada y solitaria, con el tiempo se convierte en su mejor amiga, aunque en la mitad de las ocasiones Cathy ni lo sepa.

Con hijas que la ignoran y con su estupendo perro, Marlene ayuda a Cathy en el momento que más la necesita cuando los grupos de terapia no son para ella y nadie más lo sabe excepto su médico. Su vecina pasa a ser una más de la familia, más que amiga, le enseña un lado maternal añorado aunque no tierno. El desenlace de Marlene era esperado pero cruzabas los dedos para que no sucediera. Un personaje que me ha gustado especialmente y me da pena que lo hayan agotado.

Cathy y Andrea

Aún no sé muy bien la relación de Cathy con su alumna Andrea, una joven con sobrepeso e ironía a la que intenta encarrilar antes de morir. Bajo la frase “me gustas”, se crea una relación de respeto y verdades a la cara que dista mucho de algo natural pero que, efectivamente, te gusta y no sabes por qué.

Cathy y los hombres

Aunque a Laura Linney nunca la he visto una mujer a destacar físicamente, y no es de los momentos en los que más atractiva puede estar, debo decir que me alegra ver como los hombres caen rendidos a sus pies tras hablar con ella un instante. La sonrisa de Cathy, su ironía y el que ni siquiera ella espere atracción por parte del que tiene delante, es lo que la hace tan adorable al mundo e irresistible a los hombres que se cruzan en su camino.

Para su médico es su primera paciente pero termina viéndola como algo más y para su amante es preciosa y si ella cambia de opinión la esperará. Al oncólogo supongo que lo veré de nuevo pero, a Idris Elba, temo que sea la última vez que le vemos por aquí y sólo me consuela que haya durado más que la aparición estelar del sanador de medio pelo, Liam Neeson, que también se prendó de Cathy.

Cathy

Las interpretaciones dramáticas consiguen destacar en el panorama seréfilo, pero aún así la de Laura Linney es de las mejores que yo he visto en tiempo. Intentando no crear un círculo de muerte y pesimismo a su alrededor, te da bofetadas de sabiduría simple y consigue que te des cuenta de lo tremendamente afortunado que eres por estar sano y tener una vida por delante sin los días contados. Además, lo consigue sin caer en el victimismo, cosa que personalmente considero de agradecer.

Fresca y tremendamente femenina, Cathy es la nueva reina de Showtime, máxime, con el desenlace que ha tenido la temporada en el que, en una escena colosal, te enseña lo que ha estado haciendo mientras tú no mirabas. Previsora y supermadre como siempre, el hijo descubre el almacén de los años futuros en los que ella no estará a su lado consiguiendo que, por primera vez, Adam muestre emoción ante el hecho de que su madre está enferma y sienta el miedo de no poder tenerla a su lado si las cosas no salen bien. Acompañada de una música que parece que baile al son de las emociones, durante esa escena no puedes evitar que se te caiga una lágrima o llorar a moco tendido como fue mi caso.

Cathy quiere luchar por su vida, quiere sanar. Y yo me alegro porque, aunque dudo que esta serie tenga un final feliz, implica que al menos a su regreso, podré reir disimuladamente y llorar como si no hubiera un mañana al ver en pantalla The Big L (Laura), M (Mother), S (Serie), en definitiva, The Big C: CATHY. No estarías pensando en otra palabra ¿verdad?

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Parenthood: Algo más que padres.

Publicado por Lorena Gil en nov 17, 2010 en Recomendaciones seriéfilas | 2 comentarios

La nueva temporada de Parenthood me está sorprendiendo gratamente y ya es una de las que ansío ver cada semana. Si bien es cierto que su primera temporada ya me gustó, la segunda está consiguiendo que mi fidelidad sea extrema.

Todos y cada uno de los personajes está superándose como personas sin olvidar su paternidad, de esta forma, permiten que cada una de las familias sea protagonista por un día llegándoles a conocer, más de lo que pudimos atisbar en la anterior, al crear guiones excesivamente corales.

Zeek y Camille avanzan en su matrimonio con ayuda de terapia de pareja. La diferencia: unas miradas de amor sincero que habían desaparecido y que no conseguía que entendiera, por qué ese matrimonio seguía en pie, por unos hijos mayores como excusa. A ella, la vemos más fuerte y decidida y a él, machista y fuerte, lo vemos entregado y rendido a los deseos de su esposa con más amor e incluso celos de adolescente.

De la familia formada por Sarah, me atrevería a decir, que le están buscando el punto Lorelai Gilmore y temo que me vayan a estropear un personaje del que guardo un grato recuerdo. A ella se la ve más alocada en cuanto a hombres y más irónica que en la temporada anterior, características típicas de las últimas temporadas de Gilmore Girls, cuando nunca se decidía entre los machos que pasaban por su puerta. Me fastidia ver que cualquier hombre que entra en escena acabará besándola porque pierde el coraje que debe tener ese personaje y, al mismo tiempo, es algo demasiado predecible por parte de los guionistas.

Para su hija Amber, sin embargo, han decidido que quede atrás la niña malcriada e inconformista que conocimos, naciendo un vínculo muy similar al que tenía con Rory por lo que, en esta ecuación, sobra Drew que ni pincha ni corta porque no le dan papel ni para fumar.

Si hablamos de crecimiento de un personaje, al que se le nota más es al pequeño de la tribu Braverman. Su vida le ha dado un giro tal que, al personaje, lo ves lidiando con un Crosby pasado y futuro. Su pareja Jasmine sólo sabe dar ultimátums, por lo que entiendo, que a Crosby le va el amor apache y, de ahí, el disfraz de Halloween de ella.

Julia se enfrenta a la hombría destrozada de su marido que lucha por volver a salir a la luz y la vemos intentando ser el apoyo que Joel necesita y que tanto le ha pedido. Él no quiere ser invisible y que siga estando por delante el trabajo de ella y su propia hija pero su mujer aún no sabe hacer malabares. Es el momento de Joel y está echando en cara todo lo que ha hecho por ella durante todos estos años por lo que, para este matrimonio, es el momento de saldar cuentas.

Los más complicados son los pertenecientes a la familia del primogénito. Adam lidia en el trabajo y en casa. Está enfadado en todo momento y el paciente personaje ha dado paso a un cuarentón con ira contenida, es decir, una olla a presión pero que va estallando en pequeños momentos. Al ver como perdió por fin los estribos aplaudí, ya que me parecía imposible que aguantara a todo el mundo con una sola espalda sin siquiera maldecir. Yo lo llamaba Job Braverman.

A su mujer, Kristina, la vemos más implicada si cabe en sus hijos pero también con miedo a perder su matrimonio que radica en un amor muy intenso y, que la enfermedad de un hijo que consume tanto tiempo, puede llegar a borrar. Dulce como nunca y valiente como siempre, incluso pide ayuda antes de caer en una espiral.

Haddie se mantiene pero con más rebeldía madura en algunos casos y Max es brillante en cada una de sus interpretaciones, ahí no cambia nada.

Los Braverman evolucionan a pasos más grandes de lo esperado ya que si no sería un culebrón familiar demasiado espeso, aunque lo que no cambia es que todas las mujeres de esta serie lloran en exceso. Pese a ello, el elenco brilla con más fuerza dando paso a temores matrimoniales, amores juveniles, accesos universitarios, drogas, nuevos amantes y haciendo ver, a todo aquel que quiera, que los padres también tienen vida.

Julia lo explica de manera soberbia: los padres se conocen y están en una burbuja cuando se enamoran pero, al llegar los hijos, hacen hueco para ellos y uno de los padres queda desplazado fuera, por lo que hay que sacar al pequeño invitado y volver a dejar pasar al adulto para que no sufra y vea que le han quitado su lugar.

Es necesario ver que los padres son amantes, amigos, maridos, profesionales y, sin género de duda, algo más que padres.

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“Yo no firmé esto” Madame Bovary

Publicado por Lorena Gil en sep 23, 2010 en Recomendaciones seriéfilas | 0 comentarios

(Spoilers)

Una década acaba de cumplir la TV movie de la BBC, Madame Bovary, que protagoniza la impecable Frances O’Connor.

Basada en la novela de Gustave Flaubert, Madame Bovary narra la vida de una mujer caprichosa y obsesionada con las novelas románticas, la vida lujosa y el destino al que la llevaría si alcanzara sus sueños.

Recién sacada de un convento, donde estudiaba y entregaría su vida a Dios, encuentra todo un mundo donde poder vivir intensamente. Por un accidente que tiene su padre, conoce al que será su futuro marido, Charles Bovary, interpretado por Huge Bonneville de manera espectacular también, en cierto modo, porque el rostro le acompaña.

Charles se enamora de Emma en cuanto la ve y decide saltarse a la torera las indicaciones de su posesiva madre y casarse con ella.

En los primeros momentos de su matrimonio, podemos ver a una sexual Emma que intenta darlo todo por una vida que tenga más erotismo, sensualidad y sexualidad ya que, para ella, éso es el romance. No disfruta de su nueva vida y la oímos blasfemar una y otra vez: yo no firmé esto.

La vida que ella esperaba como mujer casada, era lo que previamente había imaginado al leer novelas románticas y se da de bruces con una realidad tranquila llevada a su máximo potencial con un médico rural.

Invitados a una cena de gala, Emma conoce a otro hombre y baila con él. Desde entonces no vuelve a ser la misma, ya que sabe que existe otra vida de pasión y lujo de la que ella no es la protagonista.

Más adelante, un joven estudiante de leyes se cruza en su camino cuando se mudan a otro pueblo buscando más pacientes y un cambio de aires para Emma. Con el traslado comienzan dos obsesiones: el joven al que no puede tener y ocultar su avanzado estado de gestación para que la siga viendo deseable. Una vez más: yo no firmé esto.

El joven Leon se marcha a París y ella queda desolada ante un amor que ni siquiera ha tocado pero que ha vivido hasta el extremo en su mente. Su marido intenta lo indecible pero ella sigue deprimida.

Tras éste, aparece el que realmente pondrá su vida patas arriba: Rodolphe. Emma decide que es el momento de dejarse llevar por la pasión y, este timador de alta alcurnia pero sin un centavo, la incita a olvidar su fidelidad hacia Charles y, es justo decir, que tampoco le supone un gran esfuerzo. Tras consumarse la traición,  su primera frase con sonrisa de plena felicidad fue: Tengo un amante. Y para ésto sí que había firmado.

Con su hija y marido en casa, Madame Bovary se escapa a los lugares más recónditos a disfrutar de su pasión y, cuando se vuelve cercana y pausada, se lo echa en cara a su amante para que vuelva a sorprenderla una y otra vez, porque ella no ha firmado para el aburrimiento, lo tiene en casa.

Sus idas y venidas y su necesidad de aparentar, hace que se endeude con telas y encajes que nunca puede pagar pero con la promesa por parte del comerciante de que no trasferirá su deuda a otros y que nunca se enterará su marido.

Rodolphe desaparece y vuelve Leon, al que se entrega por fin, pero las deudas la siguen acechando y su marido va a enterarse de lo ocurrido ya que el comerciante incumple su parte del acuerdo. Pide dinero a sus amantes pero no se lo dan y, ante su desgracia, decide que no soporta más esta vida.

Emma se va como llegó, llena de drama y con ganas de ser la protagonista. Se suicida envenenándose, lo que la lleva a una muerte lenta en la que su doctor, y también marido, no podrá hacer nada para ayudarla.

Al fin y al cabo, se fue porque ella no había firmado esta vida mediocre y tranquila, que llevaba implícita el nombre de Madame Bovary.

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